Ahora estás parado ahí justo en frente de mí.
Me contengo, se me hace más difícil respirar.
Y casi de la nada, estas luces me empiezan a nublar.
Nunca me percaté de cuán brillantes podrían llegar a ser.
Veo que en la esquina hay una fotografía.
Sin lugar a dudas, es una foto tuya.
Yace tendida ahí, sola, en su cama de cristales rotos.
Esta cama nunca fue hecha para dos.
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